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Corazones y arterias

National Institutes of Health
Hearts & Arteries, NIH Publication Number 94-3738


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Corazones y arterias





PISTAS EN LAS CÉLULAS

"Campanillas y silbatos" es el término que usan los investigadores para referirse a los complejos mecanismos mediante los cuales las células cumplen sus funciones; y no es difícil descubrir la razón. Consideremos los fenómenos celulares que se traducen en un latido del corazón: lo primero es un impulso eléctrico que recorre la membrana de las células; luego se abren conductos en la membrana celular para permitir que el sodio fluya al interior de la célula; después de abren mas conductos, entra calcio y se fija a una diminuta estructura cerca de la membrana; posteriormente, mucho más calcio se desprende explosivamente de esa estructura y se difunde en el líquido interno de la célula, donde se combina con otra proteína; después, dicha proteína cambia de forma para permitir que se unan otras dos proteínas; enseguida, las proteínas unidas se mueven de tal modo que acortan la célula, tirando de los extremos de ésta hacia adentro (ésta es la contracción en sí); finalmente, el proceso se invierte a medida que el corazón se relaja. Esto es lo que ocurre en la célula muscular (miocito) cardiaca cada vez que el corazón late.

En el transcurso de los últimos veinte años, los investigadores han indagado a fondo esa multitud de campanillas y silbatos y han hecho algunos hallazgos interesantes. Han descubierto en los miocitos algunos cambios relacionados con la edad, que ayudan a explicar los cambios globales del corazón; han empezado a ver cómo interactúan esos cambios con los procesos patológicos, y han encontrado pistas en cuanto a cómo el ejercicio afecta la bioquímica de las células. El resultado ha sido una serie de comprensiones recientes y novedosas hipótesis acerca del envejecimiento y la enfermedad.


Contracción y relajación prolongadas

Tomemos, por ejemplo, las campanillas y silbatos que regulan cuánto tarda un miocito en contraerse y relajarse. A partir de la década de 1950, los investigadores saben que el calcio desempeña un papel muy importante en la contracción y relajación de los músculos, incluyendo el músculo cardiaco. El calcio que entra al líquido interno (o cytosol) del miocito, se conjuga con otras proteínas contráctiles para llevar a cabo la contracción; la salida de calcio del citosol permite que la célula se relaje.

Cuando los investigadores descubrieron, hace unos treinta años, que el músculo del corazón viejo tarda más en relajarse que el del corazón joven, se preguntaron si eso tendría que ver con el calcio. Casi una década después, surgió una manera de demostrar esa hipótesis mediante una proteína llamada ecuorina, que se conjuga con el calcio y emite una luz azul, lo que permite estimar cuánto calcio hay dentro de la célula en determinado momento. Cuando Edward Lakatta y Clive Orchard, ambos del NIA, inyectaron ecuorina en miocitos cardiacos cultivados en laboratorio, la luz azul indicó que las concentraciones de calcio después de la contracción caían más lentamente en los miocitos más viejos. Dicho en el idioma de los biólogos, el intervalo de presencia del calcio fue más prolongado. Aquí estaba el mecanismo celular que explicaba la razón de que los corazones se relajan más lentamente con la edad.

Asimismo, este es un buen ejemplo de cómo los descubrimientos en el campo de la biología celular han empezado a iluminar las relaciones entre el envejecimiento y la enfermedad. El intervalo de presencia del calcio más prolongado parecer ser, por un lado, una de las adaptaciones del corazón frente a la edad o, más específicamente, frente a las arterias más rígidas que acompañan al envejecimiento. "Tiene sentido, desde el punto de vista de la ingeniería, que las contracciones sean más prolongadas si la sangre tiene que ser bombeada dentro de arterias más rígidas", señala Lakatta. "El inconveniente", agrega, "es que cuando se altera la cinesis del ciclo del calcio en la célula, es más fácil que otros factores afecten su equilibrio ".

Y cuando ese ciclo se desequilibra, las concentraciones de calcio pueden oscilar, con el caos consiguiente. Las células individuales pueden empezar a contraerse rápida e independientemente, causando arritmias (variaciones del ritmo normal del corazón) y fibrilación, que consiste en contracciones muy rápidas de fibras musculares individuales. La fibrilación del ventrículo izquierdo conduce en poco tiempo a una insuficiencia cardiaca aguda y, si no es tratada, a la muerte.

La insuficiencia cardiaca aumenta exponencialmente con la edad, y los estudios de las oscilaciones del calcio en los miocitos sugieren varias posibles razones. Los corazones viejos están más propensos a sufrir oscilaciones espontáneas del calcio que los jóvenes, y se requieren menos oscilaciones en el corazón viejo para que ocurra fibrilación. En consecuencia, algunos investigadores especulan que los cambios del ciclo del calcio relacionados con la edad (cambios que inicialmente ayudan al corazón a adaptarse a las arterias más rígidas y a soportar cargas adicionales) acaban por dejar al corazón más vulnerable a las arritmias por fluctuación del calcio y a la insuficiencia cardiaca.

CÓMO SE CONTRAE UN MIOCITO


La bomba de calcio

TLa siguiente pregunta, por supuesto, fue por qué: ¿por qué es que el intervalo de presencia del calcio es más prolongado en las células viejas? Quizás, especularon los bioquímicos, porque el calcio permanece más tiempo en el líquido intracelular.

Cada miocito tiene una estructura (u organela) que almacena calcio. Esta organela, llamada retículo sarcoplásmico, libera el calcio en el líquido intracelular antes de la contracción y lo retira del mismo después de la contracción. ¿Podría ser que el calcio permanece por más tiempo en el líquido intracelular porque el retículo sarcoplásmico no puede retirarlo con la misma rapidez en las células viejas?

Con la tecnología que entró en uso a fines de la década de 1970, los investigadores pudieron responder a esa pregunta. Jeffrey Froehlich y sus colaboradores del NIA aislaron el retículo sarcoplásmico de la célula, lo pusieron en un tubo de ensayo y le agregaron calcio. El resultado confirmó su hipótesis: el retículo sarcoplásmico absorbió el calcio más lentamente en las muestras tomadas de animales viejos que en las de animales jóvenes.

Los estudios subsiguientes confirmaron que el retículo sarcoplásmico (o más exactamente, una proteína de esta organela) extrae el calcio del líquido intracelular más lentamente en los corazones más viejos. Los investigadores descubrieron que las células viejas tienen menores cantidades de esa proteína específica, llamada comúnmente la bomba proteica de calcio porque retira el calcio mediante una serie de movimientos repetitivos. Así pues, el retículo sarcoplásmico extrae más lentamente el calcio del líquido intracelular de los corazones más viejos porque tiene menos unidades de la bomba proteica de calcio para efectuar el trabajo.

Una vez que los investigadores supieron lo que pasaba con la bomba proteica de calcio, la siguiente pregunta tuvo que ver con el gen que sintetiza esa proteína. Las proteínas son una enorme categoría de compuestos que incluyen enzimas, factores de crecimiento, hormonas (casi todas las sustancias encargadas del funcionamiento cotidiano de los seres vivos). Las proteínas son sintetizadas por los genes nucleares de cada célula. Cada proteína corresponde a un gen específico. Las células traducen los códigos genéticos a proteínas mediante un complejo proceso, de múltiples pasos, llamado expresión genética. Cualquier alteración en dicho proceso ocasiona cambios en el producto final: la proteína.

En el caso de la bomba proteica de calcio, según estudios recientes, el gen que sintetiza esa proteína en los corazones viejos tiene aproximadamente la mitad de la actividad que en los corazones jóvenes. En el lado optimista, el hábito del ejercicio puede alterar el cuadro (vea El ejercicio físico y el envejecimiento del miocito)

EL EJERCICIO FÍSICO Y EL ENVEJECIMIENTO DEL MIOCITO

Los investigadores han empezado a descubrir la razón de que el ejercicio sea tan bueno para el corazón al estudiar la manera en que influye sobre las células musculares o miocitos del corazón. Los investigadores del NIA han visto que el corazón de los animales de laboratorio que se ejercitan habitualmente funciona de modo muy parecido al de los animales más jóvenes.

Actualmente, una becaria del NIA, Charlotte Tate, está estudiando las moléculas y los genes de los miocitos con el fin de averiguar la razón de que el ejercicio haga tanta diferencia.

En uno de sus primeros experimentos, Tate y sus colaboradores del Baylor College of Medicine compararon tres grupos de ratas. Un grupo de mayor edad fue sometido a un programa de entrenamiento de resistencia haciéndolo trotar en una estera sinfín cinco días a la semana; otro grupo de mayor edad permaneció sedentario; y el tercero, de edad madura, también permaneció sedentario.

Una de las principales diferencias entre los grupos, fue la rapidez con que el calcio fue extraído del líquido intracelular del miocito después de una contracción. En el grupo viejo sometido a ejercicio, el calcio salió más rápidamente que en el grupo viejo sedentario. La rapidez de extracción del primer grupo fue cercana a la del grupo más joven. Los investigadores llegaron a la conclusión de que, al menos una de las razones por las que el ejercicio mejora el funcionamiento del corazón es que permite, de alguna manera, que las células retiren con mayor rapidez el calcio del líquido intracelular.

El siguiente paso será investigar más a fondo ese mecanismo: ¿por qué es que el calcio sale del líquido intracelular más rápidamente cuando se hace entrenamiento de resistencia? El laboratorio de Tate, ubicado actualmente en la Universidad de Houston, está buscando la causa en la bomba proteica de calcio encargada de extraer dicho elemento del líquido intracelular. Es probable que el entrenamiento de resistencia altere el modo en que se sintetiza la bomba proteica, lo que ayudaría a explicar el impacto del ejercicio habitual.


Un potencial de acción más prolongado

Además del intervalo de presencia del calcio, otros dos conjuntos de fenómenos parecen ser afectados por la edad en el miocito. Uno es el potencial de acción. Se trata de una alteración transitoria de las cantidades de iones positivos y negativos presentes en uno y otro lado de la membrana del miocito. El potencial de acción estimula primero la abertura de los conductos del sodio presentes en la membrana y luego la de los del calcio.

El potencial de acción es más prolongado en los corazones viejos, lo que posiblemente contribuya a que el intervalo de presencia del calcio sea más prolongado, aunque la relación, si es que existe, aún no se ha aclarado. Los investigadores encargados de indagar los cambios en el potencial de acción consideran la posibilidad de que el envejecimiento provoque un cambio en los genes, pero los mecanismos y los efectos aún no se han aclarado.


Proteínas contráctiles

Los otros mecanismos que cambian con la edad se relacionan con las proteínas contráctiles (actina, miosina, troponina y otras más) que interactúan para acortar (o contraer) el miocito. Dichas proteínas contráctiles sufren una serie de cambios, estimulados por el calcio, cuya consecuencia es unir la actina y la miosina a modo de "puentes". Esos puentes utilizan la energía liberada durante la transacción para acortar la célula. Con la edad, una parte del puente se altera (la parte llamada cadena pesada de la miosina).

La cadena pesada de la miosina se produce de dos maneras levemente distintas: una se denomina alfa y la otra, beta. En los animales de laboratorio, la cadena pesada de la miosina alfa disminuye con la edad, en tanto que la forma beta aumenta. Lo mismo parece ocurrir en la aurícula humana. Cuando la proporción de la cadena pesada de la miosina alfa disminuye en las células aisladas, la velocidad de contracción es más lenta.

Los cambios en la cadena pesada de la miosina tienen que ver con los genes que la sintetizan (la cadena alfa se expresa menos al avanzar la edad; a la cadena beta le ocurre lo contrario), pero la razón de ese cambio en la actividad de los genes sigue siendo un misterio. "Es una de las preguntas esenciales", afirma Lakatta. "No hay duda de que algunos genes alteran su actividad con el envejecimiento. Sin embargo, aún no sabemos por qué o cómo lo hacen". En general, no obstante, la expresión de los genes en el corazón en proceso de envejecimiento tiende a repetir los patrones de expresión genética observados en el feto.

¿QUÉ SUCEDE DURANTE LA ATEROSCLEROSIS?

Los investigadores están comenzando a entender qué sucede en las células y moléculas de las arterias durante la aterosclerosis (la acumulación de depósitos grasos en la luz de las arterias). La aterosclerosis eleva considerablemente el riesgo de enfermedades del corazón y apoplejía.

Los vasos sanguíneos constan de varios tipos de células. La superficie interna está cubierta de células endoteliales y éstas descansan en una membrana basal. Avanzando en orden hacia la superficie externa, luego se encuentra una capa de tejido llamada túnica íntima, seguida de la membrana elástica interna. Después viene una capa de miocitos vasculares lisos entre capas de elastina y, finalmente, una capa externa de tejido conjuntivo.

En el proceso normal de envejecimiento, algunos miocitos vasculares lisos migran hacia la íntima, que aumenta de grosor. En la aterosclerosis, algunos de los miocitos presentes en la íntima, invaden la membrana basal formando nódulos de tejido que obstruyen parcialmente el conducto de la arteria (llamado luz). Al parecer, este proceso se debe, al menos en parte, a la acumulación de materiales grasos y colesterol en las paredes de la arteria.

Eso era lo que se sabía en 1992, cuando Rebecca Pauly, Michael Crow y otros investigadores del NIA decidieron averiguar qué sucedía con los miocitos vasculares lisos durante la aterosclerosis. Mediante el estudio de miocitos en cultivo, descubrieron que éstos logran invadir la membrana basal porque secretan enzimas que atacan la proteína de dicha membrana. Observaron, asimismo, que anticuerpos específicos y otras sustancias pueden evitar que las enzimas ataquen la membrana.

El siguiente paso es descubrir qué estimula a los miocitos vasculares lisos para que secreten las enzimas lesivas e invadan la membrana basal. Una vez que los investigadores hayan identificado los pasos que conducen a ese fenómeno, quizás podamos crear estrategias preventivas contra la aterosclerosis.


Engrosamiento

Los miocitos sufren otro interesante cambio con la edad: se vuelven más grandes. Los miocitos individuales no se dividen como las otras células del cuerpo. Sin embargo, aumentan su tamaño en 20 a 40 por ciento durante la vida adulta. Otros mueren y son reemplazados con colágeno. Este crecimiento de los miocitos restantes parece ser el principal mecanismo de engrosamiento de las paredes del corazón (hipertrofia) asociado con el envejecimiento normal.

Muchas pruebas sugieren que el crecimiento de los miocitos y el consiguiente engrosamiento de las paredes del corazón son mecanismos de ajuste del corazón a fin de soportar mayores cargas, sobre todo las debidas a la esclerosis progresiva de las arterias. Asimismo, las enfermedades pueden imponer cargas adicionales.

Una de las razones de que a los investigadores cardiovasculares les intrigue tanto el crecimiento de los miocitos, son sus posibles relaciones con procesos patológicos. Aunque el engrosamiento ocurre al parecer como una respuesta ante el envejecimiento y la esclerosis de las arterias, se exagera con algunas enfermedades, como las afecciones de las arterias coronarias y la hipertensión arterial. La hipertensión provoca engrosamiento a cualquier edad.

Aunque el crecimiento de los miocitos parece ser una forma de adaptación del corazón en respuesta al aumento de las cargas, también existen pruebas de que, a edades muy avanzadas, ya no se adapta tanto. En los animales viejos, el engrosamiento en respuesta a la sobrecarga es menor que en los animales jóvenes. Esta insuficiencia o retraso de la respuesta adaptiva, puede explicar la razón de que las personas de 80 años de edad estén más propensas a la insuficiencia cardiaca después de un ataque cardiaco, que las de 60 años.

De hecho, según una manera de pensar, el riesgo de insuficiencia cardiaca aumenta con la edad precisamente por esa razón. Es decir, la causa de que los ancianos corran un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca, no sólo se debe a que sus corazones han tenido más tiempo para deteriorarse. Se debe a cambios específicos del corazón y los vasos sanguíneos sanos, en respuesta al envejecimiento, que disminuyen la capacidad del corazón para adaptarse a los estados patológicos. En esta perspectiva, los cambios normales asociados con la edad serían factores de riesgo en cuanto a las afecciones cardiacas en las personas ancianas.

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