 |
 |
 |
 

EL RESTO DEL RECORRIDO: LOS VASOS SANGUÍNEOS Y EL ENVEJECIMIENTO
| La
edad tiene mucho que ver con la pérdida de elasticidad de los vasos
sanguíneos, lo que a su vez tiene mucho que ver con el funcionamiento
del corazón. |
|
El laboratorio de fisiología
del ejercicio del NIA tiene el aspecto de un laboratorio de alquimia
electrónica. La habitación tiene terminales de computadora por doquier,
una justo al lado de la estera sinfín, dos en lo alto de un gabinete,
una en un carrito de ruedas, otra en la pared. Aquí y allá se ven
más instrumentos, quietos por el momento o destellando de vez en cuando.
En tal entorno, el sonido
de chorros de líquido es sorprendente. "Siempre pienso en lo ruidoso
que debe ser el cuerpo", dice Eileen Shields, directora de mercadotecnia
del condado de Carroll, Maryland, quien se encuentra en el laboratorio
para que le practiquen un ecocardiograma. El sonido de los rítmicos
y sonoros chorros, que inunda la habitación, proviene de un delgado
tubo plateado que alguien apoya suavemente en la arteria carótida
de la paciente. El sonido coincide con las ondas digitales que danzan
en la terminal de computadora cercana, que registra el flujo y la
presión de la sangre.
Shields participa voluntariamente
en un estudio con el que se pretende descubrir nuevas pistas acerca
de la salud del corazón en lo referente a un fenómeno muy conocido:
la pérdida gradual de elasticidad de las arterias a medida que las
personas envejecen. Esa pérdida de elasticidad de las arterias se
conoce con varios nombres (endurecimiento de las arterias, rigidez
vascular o arteriosclerosis) y desde hace mucho los investigadores
creen que interviene en enfermedades como la aterosclerosis y la
hipertensión arterial. No obstante, hoy tienen pruebas de que su
impacto puede llegar más allá de los vasos sanguíneos.
"Sospechamos que la esclerosis
afecta por igual a la estructura y el funcionamiento del corazón",
dice Jerome Fleg, un investigador del laboratorio cardiovascular
del NIA, "y queremos saber cómo se relacionan ambos fenómenos. ¿Es
que las personas con las arterias más esclerosadas tienen las paredes
cardiacas más gruesas? ¿Bombean sus corazones menores volúmenes
de sangre con cada latido?"
A medida que descubren las
relaciones entre las arterias y el corazón, Fleg y sus colaboradores
esperan descubrir también cómo se relaciona exactamente la esclerosis
con la enfermedad. Desde hace mucho la arteriosclerosis se considera
como una parte normal del envejecimiento en las sociedades industrializadas.
Sin embargo, en algunas personas, por razones hasta hoy desconocidas,
este fenómeno tan común da lugar a un proceso patológico. La esclerosis
de las arterias es la causa principal de hipertensión arterial en
las personas de mayor edad que es, a su vez, uno de los principales
factores de riesgo de la apoplejía, la enfermedad coronaria, el
ataque cardiaco y la insuficiencia cardiaca. Y ahora se sospecha
que la esclerosis hace que las arterias estén más propensas a los
procesos celulares en los que se basa la aterosclerosis, otro precursor
importante de las enfermedades del corazón y la apoplejía (vea
¿Qué sucede durante la aterosclerosis?).
Aún se considera que el envejecimiento
es el principal factor de riesgo de esas enfermedades. Pero algunas
de las primeras pruebas resultantes de los estudios de Fleg y de
otros investigadores sugieren que el estilo de vida también tiene
un papel protagónico. La alimentación con poca sal y el ejercicio
aerobio habitual pueden reducir la arteriosclerosis.
|
La edad
y las arterias
|
Antes que nada, ¿qué hizo suponer
a los investigadores que existe una relación entre la esclerosis de
los vasos sanguíneos y el funcionamiento del corazón? Esto se remonta
a lo que se ha descubierto acerca de ambos fenómenos en las últimas
décadas, gracias en parte al BLSA, en el que participan unos 1.200
voluntarios como Eileen Shields. La edad de los voluntarios va de
20 a más de 90 años y los investigadores, al comparar a los voluntarios
jóvenes con los de mayor edad, han logrado armar el rompecabezas de
lo que sucede en el corazón y los vasos sanguíneos a medida que las
personas envejecen.
El corazón, según descubrieron,
se adapta a la edad de muchas maneras sutiles relacionadas entre
sí: sus paredes engruesan y se llena de sangre y la bombea de una
manera distinta, incluso con mecanismos un tanto diferentes que
los de la juventud.
Las gruesas y elásticas arterias
más próximas al corazón también cambian de maneras complejas. Imaginemos
un gráfico animado por computadora de las arterias a la edad de,
digamos, 25 años, cuando las paredes son elásticas. La arteria de
mayor calibre del cuerpo, la aorta, sale del corazón y se dirige
primero hacia el cuello, donde surge la arteria carótida que abastece
de sangre a la cabeza y el cerebro, y luego desciende hacia el resto
del cuerpo. Cuando la válvula aórtica se abre, la aorta recibe el
chorro de sangre bombeado por el corazón. Pero también recibe la
presión que pasa de las paredes del corazón a sus propias paredes.
Esa presión recorre las paredes de la aorta, oleada tras oleada,
hasta llegar a las paredes de las arterias de menor calibre que
conducen la sangre al resto del cuerpo. En ese punto, las oleadas
de presión disminuyen y algunas de ellas regresan por las paredes
de la aorta, generando un fenómeno llamado reflexión o rebote de
ondas.
Ahora agreguémosle a esa
imagen, digamos, 50 años. Las arterias, incluyendo la aorta, se
han vuelto más rígidas, sus paredes son más gruesas y sus diámetros
son mayores. Las paredes esclerosadas ya no se expanden tanto en
el momento en que la sangre fluye por su interior. Tarde o temprano,
la resistencia de la aorta esclerosada aumenta considerablemente.
Por lo común, se duplica en el transcurso de la vida y contribuye
al aumento de la presión arterial sistólica que suele acompañar
al envejecimiento.
ARTERIAS: JÓVENES
Y VIEJAS
|
Ahora las oleadas de presión corren más rápidamente a lo largo de
las paredes de la aorta esclerosada y, por lo tanto, el rebote de
ondas ocurre antes que en la juventud. De hecho, la sincronía del
rebote de ondas es uno de los efectos de la arteriosclerosis que
puede medirse sin necesidad de cirugía (vea Cuantificación
de la esclerosis).
A medida que la sangre ingresa
en las arterias de menor calibre, los fenómenos hidráulicos cambian.
El pulso se estabiliza y el flujo se vuelve más uniforme. Lo opuesto
a ese flujo uniforme se llama resistencia vascular periférica (RVP);
hasta la fecha, las investigaciones han demostrado que entre los
hombres, la RVP en reposo no cambia con el envejecimiento normal,
pero se eleva un poco en las mujeres. En la mayoría de las personas
que padecen hipertensión arterial sistólica, la RVP está elevada.
Imaginemos ahora los efectos
del movimiento (cuando la persona se sienta, se pone de pie o empieza
a caminar o correr). La frecuencia cardiaca aumenta y lo mismo sucede
con la presión arterial. Un grupo de nervios sensibles a la presión,
presentes en la aorta, responde a los cambios de presión enviando
un mensaje al cerebro. A su vez, el cerebro envía un mensaje de
regreso al corazón, que cambia su frecuencia y la fuerza de sus
contracciones. Este sistema de comunicación entre la aorta, el cerebro
y el corazón se llama respuesta de los barorreceptores. Asimismo,
los vasos sanguíneos se dilatan para permitir un flujo mayor de
sangre. Por si fuera poco, el flujo sanguíneo hacia los músculos
que no lo necesitan (por ejemplo, el estómago) se reduce temporalmente,
de modo que aumenta el flujo hacia los músculos activos.
LA EDAD Y LAS ARTERIAS

La
sangre fluye del corazón a las arterias (sangre roja) y regresa
al corazón por medio de las venas (sangre azul). La edad provoca
cambios en las arterias. |
En las personas de edad avanzada,
la respuesta de los barorreceptores se entorpece, quizás como consecuencia
de la esclerosis arterial; pero es posible que la esclerosis afecte
los nervios de la aorta. Por otro lado, en condiciones de máximo
esfuerzo, las arterias de grueso calibre no se dilatan tanto como
en los jóvenes.
Estos son, en breve resumen,
algunos de los principales cambios que ocurren en la hidráulica
de los vasos sanguíneos con la edad. Una de las razones por las
que dichos cambios intrigan a los investigadores, es que pueden
afectar de manera importante la dinámica del corazón. La esclerosis
aumenta el grado de resistencia que el corazón debe vencer para
bombear la sangre hacia las arterias, y cualquier resistencia al
flujo significa una sobrecarga para el corazón.
El estudio en el que Eileen
Shields participa nos revelará el impacto de esa carga.
|
Ejercicio
y alimentación
|
Quizás lo más curioso de todo
sea la diferencia que imprime el estilo de vida en la arteriosclerosis.
En una de las pruebas rutinarias que se hacen a los voluntarios de
la investigación, se les pide que caminen en la estera sinfín a velocidades
crecientes hasta quedar exhaustos. Con esta prueba se cuantifica la
competencia física al medir el consumo de oxígeno en el momento de
máximo esfuerzo o VO2 máx.
Según una investigación de
Fleg y colaboradores, las personas que caminan por más tiempo en
la estera sinfín, es decir, los que están en mejor estado físico,
tienen las arterias menos esclerosadas. Cuanto más ejercicio pudieron
hacer los participantes voluntarios de esta investigación, menos
esclerosadas tenían sus arterias.
Una vez que aprendieron que la competencia física se relacionaba
con la presencia de arterias menos esclerosadas y más elásticas,
los investigadores se preguntaron cuál sería la relación de causa
y efecto: ¿el ejercicio habitual, que mejora la competencia física,
es la verdadera razón de que las arterias se mantengan elásticas?
Según el siguiente estudio,
la respuesta es un cauteloso "quizás". En dicha investigación, los
científicos midieron la arteriosclerosis en un grupo de hombres
cuyas edades fluctuaban entre 54 y 75 años, entrenados en ejercicios
de resistencia, y la compararon con un grupo de hombres sedentarios
de edades equivalentes. También compararon al grupo con uno de hombres
más jóvenes, pero de hábitos sedentarios. La capacidad de ejercicio
de los atletas viejos fue similar a la de los hombres jóvenes y
superó por mucho a la del otro grupo de hombres mayores. Pero lo
más sorprendente fue que la arteriosclerosis de los atletas de mayor
edad resultó mucho menor que la del grupo sedentario de edad avanzada.
"Esto demuestra que el entrenamiento de resistencia puede darnos
al menos cierto control sobre el estado de nuestras arterias, cuando
pensábamos que era una variable que nos controlaba", dice el investigador
del NIA, Edward Lakatta.
|
MEDIDA DE LA RIGIDEZ
Con el tiempo,
los cambios en la arteriosclerosis son mucho más acentuados que los
cambios en la presión arterial y pueden ser un método mejor para el
diagnóstico de la salud cardiovascular. Actualmente, el uso de métodos
más nuevos y dignos de confianza para medir la rigidez arterial es
prerrogativa de los investigadores, pero no está lejos el día en que
podamos usarlos como elementos pronósticos y de evaluación clínica.
Las nuevas
pruebas miden la esclerosis cuantificando la velocidad de las ondas
del pulso (las ondas de presión que recorren las paredes de las
arterias a medida que la sangre fluye por su interior). En una prueba,
los investigadores miden las ondas del pulso en dos puntos: uno
cerca de la aorta ascendente y otro en la arteria femoral, sobre
el muslo; luego calculan el tiempo que tarda la onda en llegar del
cuello al muslo. Cuanto mas rápido es el flujo de la sangre, más
esclerosadas están las arterias.
"Es mecánica
hidráulica pura", declara Amit Nussbacher, uno de los becarios postdoctorales
del laboratorio de Ciencias Cardiovasculares del NIA, encargado
de llevar a cabo esas pruebas como parte de las investigaciones
sobre esclerosis vascular. En las arterias todavía elásticas, explica,
las oleadas de presión viajan más lentamente; la rigidez las acelera.
En la segunda
prueba se cuantifica el rebote de ondas en las paredes de la aorta.
Dicho rebote ocurre cuando las ondas del pulso llegan al punto donde
la aorta se divide en arterias de menor calibre. Las ondas de presión
rebotan y recorren de regreso las paredes aórticas, aumentando la
presión de las nuevas ondas.
Eso significa
que si el rebote de ondas ocurre poco después de la contracción
cardiaca (medida por un electrocardiograma simultáneo), la aorta
está relativamente esclerosada. Si ocurre más tarde en el ciclo
cardiaco, es decir, después del cierre de la válvula aórtica, la
esclerosis no está muy avanzada. Un programa de computadora convierte
la sincronía del rebote de ondas en un número llamado índice de
amplificación. Cuanto más alto sea el índice de amplificación, mayor
será la esclerosis de las arterias.
|
|
El control del estado de nuestras
arterias también puede depender de la cantidad de sal que consumimos.
En las culturas donde la gente consume poco sodio (en forma de sal
común), la presión arterial no aumenta con la edad como se observa
en los países occidentales. También se han observado diferencias culturales
en lo referente a la arteriosclerosis. En un estudio se compararon
las poblaciones rurales y urbanas de China. La población urbana consume
cantidades mucho mayores de sal que los habitantes rurales; por supuesto,
sus arterias están más esclerosadas.
Actualmente, otra investigación
llevada a cabo en Taiwán (Formosa) está dando seguimiento a ese
descubrimiento al comparar otros dos grupos rurales y urbanos. Sin
embargo, en ésta no sólo se está evaluando la arteriosclerosis,
sino además la estructura y el funcionamiento del corazón. Según
Harold Spurgeon, coordinador de esta investigación en el laboratorio
del NIA en Baltimore, los primeros resultados indican que las personas
con mayor grado de arteriosclerosis tienen las paredes del corazón
más gruesas.
Algunas de las siguientes
preguntas que encaran los investigadores cardiovasculares se enfocan
en las células y moléculas del sistema cardiovascular. ¿De qué manera
puede el ejercicio conservar la elasticidad de las arterias? Puede
ser que el ejercicio suscite una cadena de fenómenos dentro de las
células de las paredes arteriales que culmina con una reducción
del colágeno y un aumento de la elastina. En última instancia, según
los investigadores cardiovasculares, el rompecabezas de la arteriosclerosis
se resolverá en el campo de la bioquímica y la biofísica del sistema
cardiovascular, un extenso territorio en el que aún existen muchas
regiones por explorar.
Referencias bibliográficas
Avolio AP, Chen SG, Wang
RP, Zhang CL, Li MF, and O'Rourke MF. Effects of aging on changing
arterial compliance and left ventricular load in a northern Chinese
urban community. Circulation 68:50-58, 1983.
Avolio AP, Deng FQ Li WQ
Luo YF, Huang ZD, Xing LF, and O'Rourke MF. Effects of aging on
arterial distensibility in populations with high and low prevalence
of hypertension: Comparison between urban and rural communities
in China. Circulation 71:202-210, 1985.
Vaitkevicius PV, Fleg JL,
Engel JH, O'Connor FC, Wright JG, Lakatta LE, Yin FCP, and Lakatta
EG. Effects of age and aerobic capacity on arterial stiffness in
healthy adults. Circulation 88:1456-1462, 1993.
Yin FCP, Weisfeldt ML, and
Milnor WR. Role of aortic input impedance in the decreased cardiovascular
response to exercise with aging in dogs. Journal of Clinical Investigation
68:28-38, 1981.
|
CUANDO EL CEREBRO LE HABLA
AL CORAZÓN ¿HAY ALGUNA DIFERENCIA RELACIONADA CON LA EDAD?
El cerebro le
habla al corazón por medio del sistema nervioso y para ello recurre
al lenguaje de la bioquímica. Ciertas sustancias, llamadas neurotransmisores,
recorren la distancia que separa a la neurona de la célula del corazón,
le transmiten a esta última el mensaje del cerebro al unirse a receptores
especiales presentes en la membrana de la célula cardiaca, y desencadenan
una serie de fenómenos moleculares que culmina con un aumento de la
frecuencia cardiaca, contracciones más vigorosas y un relajamiento
más rápido entre latidos. O bien, según el neurotransmisor, el cerebro
le indica al corazón que debe revertir tales efectos.
Éste
es, a grandes rasgos, el sistema nervioso autónomo que controla
la musculatura involuntaria, como la del corazón. A medida que envejecemos,
en algún punto de la línea de comunicación aparece un eslabón débil.
Dónde se encuentra ese eslabón y cómo entorpece el mensaje del cerebro,
son dos de los misterios que aún no han podido resolver las ciencias
cardiovasculares.
No obstante,
los investigadores han logrado definir mejor sus indagaciones. Un
tipo de neurotransmisores, las catecolaminas, abundan durante el
ejercicio y otras clases de esfuerzo y posiblemente desempeñen un
papel. Otros sospechosos son los receptores beta-adrenérgicos, con
los cuales se conjugan las catecolaminas.
Ciertos investigadores,
como Frank Yin del NIA, actualmente en Johns Hopkins, han tratado
de averiguar si la cantidad de catecolaminas pudiera ser el problema.
Yin inyectó catecolaminas en el torrente sanguíneo de voluntarios
jóvenes y viejos para simular el efecto del ejercicio. Como era
de esperar, descubrió que la frecuencia cardiaca de los jóvenes
aumentaba; sin embargo, la de los de mayor edad aumentaba en menor
grado a pesar de que todos recibieron la misma dosis de catecolaminas.
Así pues, el problema no es la cantidad.
¿Podría entonces el problema estar en la respuesta del sistema cardiovascular
de las personas de mayor edad a las catecolaminas? Las investigaciones
han demostrado que esa podría ser la causa. Existe un fármaco, llamado
propranolol, que inhibe la respuesta del organismo a las catecolaminas
al bloquear los receptores beta-adrenérgicos de las células del
corazón y los vasos sanguíneos. Según varios estudios, el propranolol
y el envejecimiento ejercen efectos similares. Al parecer, los corazones
y vasos sanguíneos viejos tienen bloqueados los receptores beta-adrenérgicos.
¿Cuáles
pueden ser las causas fundamentales de la respuesta más apagada?
Los investigadores se concentraron en los receptores beta en las
células cardiacas: ¿declinó su número con la edad? La respuesta
es no, según los estudios realizados en células sanguíneas circulantes,
con receptores similares a los del corazón de los animales. Sin
embargo, los investigadores descubrieron que ocurre otro cambio
relacionado con los receptores; el número de receptores listos para
conjugarse con las catecolaminas, es decir, los que se encuentran
en "alto grado de afinidad", parecen declinar con la edad. La razón
de esta respuesta menguada, puede encontrarse en cualquier punto
de la cascada de fenómenos que tienen lugar dentro de las células
cardiacas luego de que las catecolaminas se conjuguen con el receptor.
Los investigadores están descubriendo un buen número de posibles
mecanismos celulares que podrían explicar la disminución de la respuesta.
Según esperan, una vez que entiendan los mecanismos, podrán encontrar
alguna manera de restablecer la comunicación o de impedir que se
apaguen los mensajes. En última instancia, tales descubrimientos
pueden significar nuevas maneras de prevenir la insuficiencia cardiaca.
Yin FCP,
Spurgeon HL, Raizes GS, Greene HL, Weisfeldt ML, and Shock NW. Age-associated
decrease in chronotropic response to isoproterenol. Circulation
4/Supplement 2:II-167, 1976.
|
|
 |